Muchas veces tendemos a preguntarnos ¿qué pasaría si…? –si tuviera dinero o si fuera una persona con gran poder económico; nos preguntamos si el dinero logrará hacer que llenemos nuestra vida por completo; si logrará provocar en alguna medida que nos sintamos bien con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea; y creo, que la respuesta es no. Un no, rotundo pues el éxito y por ende el dinero, la fama o el aval que logremos conseguir en nada puede compararse con la riqueza espiritual, con el sentirse orgulloso de ser quien uno es y de tener bien claro que cualquier cosa que deseemos obtener la vamos a conseguir con esfuerzo, con entrega y sobre todo con disposición.
Para ser plenos no necesitamos un auto del año, no necesitamos tener una mansión en Beverly Hills, no necesitamos que nos traten como VIP solo porque hay dinero de por medio, no necesitamos ser los chicos (as) más populares, no, claro que no… Para ser plenos o tener plenitud necesitamos ser auténticos, debemos aprender a valorar lo que tenemos y con base a ello plantearnos proyectos; proyectos que nos permitan salir avante y optar por una mejor calidad de vida pero no creyendo que esa calidad de vida va a ser mejor entre más dinero tengamos o entre más gente me conozca; debemos tener presente que una mejor calidad de vida implica autoconocimiento, autoreflexión, autoaceptación, implica sentirme uno con el mundo, con quienes me rodean, implica libertad en todo el significado de esa palabra, implica relacionarme con los demás y nunca creerme más que ellos, implica comprender que hay cosas en la vida que el dinero no puede comprar; cosas como: el respeto, cariño, amor, agradecimiento, sinceridad de nuestros semejantes; porque entonces todo absolutamente todo giraría en torno al dinero y podemos pensar lo siguiente: tengo mucho dinero pero estoy enfermo o tengo mucho dinero, tengo salud pero nadie me quiere o tengo mucho dinero, tengo salud y todos me quieren , pero la pregunta será: ¿porqué me quieren, porque están a mi lado?- porque en realidad están interesados en mí o en mi dinero y es entonces donde podemos contemplar que realmente no hay felicidad.
No es que tener dinero o al menos soñar con tenerlo sea malo, no. Aquí lo importante es que creemos un balance y sobre todo que categoricemos y que ojalá establezcamos un equilibrio en todas nuestras pretensiones.
Desde esta perspectiva pienso que “El secreto” tiene cierta debilidad; creo inconveniente hacer creer a la gente que el dinero o a gran escala el poder económico no se tiene porque no se trabaja en ello, porque no “nos lo proponemos”. Esto, es una mentira hay gente que es muy positiva, que trabaja arduamente, siempre esperanzados en obtener dividendos en lo que realizan y estos ( los dividendos) no llegan y no porque no lo crean sino porque no encuentran el apoyo suficiente de quienes pueden ayudarles a progresar, ejemplo de ello, los agricultores; quienes pese a grandes esfuerzos muchas veces no reciben ayuda por parte de las autoridades competentes y por ende, del gobierno; y entonces, decir que no tienen lo que desean porque no lo atraen o no lo desean a profundidad es injusto, es quitarle responsabilidad a otra “gente” que debería encargarse de darles más y mejores posibilidades de avance.
Ante esto, debe tenerse claro que la “suerte” no media siempre y que para emprender un sueño es necesario contar con apoyo, porque las trabas perennemente van a existir.
Por otra parte, no creo que con solo desear una cosa y cerrar los ojos, ese deseo va a ser una realidad porque para ello más que desear se necesita lucha, constancia y esa lucha en la mayoría de casos lleva no meses sino años; lamentablemente las cosas no llegan a la velocidad de la luz o por arte de magia, para obtenerlas hay que trabajar…
Sin embargo, de este “video” extraigo fortalezas, pues todo siempre tiene pro y tiene contras, en este caso, las fortalezas serían el que se insta al ser humano a hacer a un lado el negativismo y a ser partícipe de la creación de nuestra propia realidad; nos hace ver que debemos creer en nosotros mismos para cambiar o erradicar aquello que no nos gusta y sobre todo, por momentos nos incentiva a separar el pasado del presente y a creer que somos o nos convertimos en lo que pensamos y que por eso es mejor pensar en positivo; pensar de que siempre es más recomendable atraer lo bueno y repeler lo agobiante.
Nos enseña que el ser humano es el arquitecto de su vida y de que vivir tranquilamente depende de la toma de decisiones y del vivir el presente, el ahora en toda su extensión.
Y es por ello, que según lo anteriormente expuesto es que pienso que como futura profesional en derecho el haber visto este video me va a permitir tener una visión clara sobre qué es lo que quiero; me permite establecer una balanza y deducir que es lo realmente importante para mí: poder o tranquilidad, ambas, solo una o incluso, ninguna.
Del mismo modo me permite ser un poco más analítica y crítica, a no “tragarme” todo lo que dicen y a no ser una presa más del mercado o del consumismo; me ayuda a dar importancia no solo a la forma, también al fondo, a hacerme preguntas acerca de lo que veo y a valorar las consecuencias positivas y negativas que el contenido de “alguna cosa” puede causar en las personas.
Aunado a ello, de cierto modo, me permite tener claro que algunas veces no es apropiado creer en lo que dicen ciertas personas, aunque intenten defender sus posturas mediante, “palabras” de personajes históricos reconocidos, más que todo cuando el objeto de estudio es un fenómeno en el que la “actitud” del ser humano está estrechamente relacionada.
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