“Si el miedo te calienta es bueno, pero si el miedo te quema, perdiste”
Esta frase, se relaciona mucho con una de las partes de este libro que más me gustó y que es cuando el caballero tiene tanto temor que cada vez que se detiene por el mismo temor a enfrentarlo, el miedo se va convirtiendo en un dragón gigante que aparenta lo va a destruir; pero que al final con valentía el caballero logra vencer.
Digo esto, porque siento que mi armadura oxidada (…) la cual mencionaré al final pero que se desprende de lo que ejemplificaré a continuación, se relaciona con el temor; el temor al fracaso, el temor a no ser aceptada o defraudar a quien (es) han depositado su confianza en mí, el temor a que lo que yo diga no tenga en aval que espero o incluso a que nadie esté a mi favor; el temor a no dar lo mejor de mí y hacer el ridículo, el temor a no sobresalir o a perder.
Relaciono este temor con lo siguiente:
Siempre me ha gustado el deporte, más que todo el fútbol, recuerdo haber formado parte de un equipo de fútbol y haber sido una de las mejores jugadoras; y no era porque yo lo decía, era porque los demás lo decían, porque ya me había acostumbrada a que me avalaran que no podía concebir un día en que no lo hicieran; de ahí me nació el temor; el temor al fracaso y a la decepción porque siempre antes de iniciar un partido debía ir al vestidor a vomitar y cuando no lo hacía tenía náuseas, dolores de estómago y ataques de ansiedad; el miedo me derrotaba circunstancialmente, no obstante, escuchaba una voz en mi interior que me decía que yo no era ninguna cobarde, que yo siempre iba a dar lo mejor de mi cuando me lo propusiera y era como “algo” que me obligaba a jugar, pues al final terminaba aceptando que yo no era cobarde, que cobardes eran los que no se animaban a enfrentar sus temores.
Sin embargo, esta actitud, poco a poco se fue convirtiendo en hábito y cada vez que había campeonato o un partido común y corriente inconscientemente debía hacerlo, de alguna manera el miedo seguía ahí, lo que pasa era que no era más fuerte que yo como para impedirme participar.
Incluso, actualmente sigo escuchando esa vocecita que impide que yo huya cuando tengo temor pero lo que si no dejo es de sentirlo, algunas veces pienso que es bueno porque me calienta, me enardece pero otras veces creo que es malo porque siento que me quema y me frustro, me agoto y me deprimo. Circunstancias por las que pienso que el deseo de sobresalir es mi armadura oxidada pues ese deseo, de alguna forma, tiene sus basas en el miedo; el miedo a lo que venga... el miedo a perder y a enfrentar lo que no quiero ser: cobarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario